Eduardo Garzón
Saque de Esquina
Desde el estallido de la crisis financiera hemos visto cómo muchas
entidades bancarias españolas se han visto en serios problemas y cómo el
gobierno ha acudido en su ayuda inyectándoles de una u otra forma
dinero público (para ver las diferentes formas de ayuda y su cuantía
leer este artículo). Este
traspaso directo de dinero perteneciente a todos los ciudadanos a unas
entidades privadas atenta claramente contra la justicia social e incluso
contra los fundamentos económicos en boga. Sin embargo, el gobierno ha
esgrimido continuamente como argumento la necesidad de no dejar caer a
las entidades bancarias para evitar así un colapso financiero que
terminaría perjudicándonos más a todos. Pero, ¿hasta qué punto es cierto
este argumento tan recurrido? Profundicemos en el tema.
Un banco en problemas es un banco que no puede atender los pagos que tiene comprometidos con otros agentes. Si un banco en problemas no es ayudado con dinero público se verá forzado a caer, a ser liquidado, a desaparecer como entidad. Esto significa que el banco tendrá que vender todo aquello que posea y que tenga valor y con el dinero recaudado tendrá que devolver los pagos que tenía comprometidos. Pero claro, si el banco se está liquidando es porque no tiene suficiente dinero para abonar todos los pagos que debe, por lo que después de vender sus propiedades dispondrá de menos dinero del que debe pagar. No podrá pagar a todos aquellos a los que les debe dinero, así que algunos se quedarán sin cobrar.
Por ejemplo, si un banco debe dinero por una cuantía de 1.000
millones de euros y después de vender sus posesiones recauda solo 700
millones de euros, quedarán 300 millones de euros sin poder pagarse y
que se consideran pérdidas. Alguien no podrá cobrar; alguien debe
hacerse cargo de esas pérdidas.
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