sábado, 5 de noviembre de 2011

Crisis y redistribución

José Fernández-Albertos
Público

Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecía, a partir del análisis de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, el porcentaje de la población española que vive por debajo del umbral de la pobreza: 21,8%. Es el porcentaje de pobres más alto desde que el INE empezó a realizar esta encuesta, hace ya siete años. Para computar esa cifra, igual que en el resto de países desarrollados, el INE utiliza una definición de pobreza relativa: es pobre quien tiene una renta menor al 60% de la renta del hogar español mediano (el hogar para el cual la mitad de los hogares son más ricos que él, y la mitad más pobres). Según esta definición, en 2011 ser pobre es, para una familia compuesta por dos adultos, disponer de ingresos anuales inferiores a 11.300 euros. Es decir, una pareja en la que uno de sus miembros es un mileurista y el otro no dispone de ningún ingreso es ya lo suficientemente rica como para no formar parte en ese 21,8% de la población clasificada como “pobre” por el INE.

Si nos fijamos en la evolución de esta tasa de pobreza, lo alarmante no es sólo que en apenas dos años la crisis haya aumentado la tasa de pobres en la población española en más de dos puntos porcentuales. Sino que, además, el ingreso mediano de las familias a partir del cual se calcula la tasa de pobreza ha caído sustancialmente en este periodo, lo que significa que ese 21,8% de personas que hoy clasificamos como pobres son, en términos absolutos, más pobres que el 19,5% que clasificábamos como pobres hace dos años....

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